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Traveling alone

El viajar solo ya se ha convertido en una tendencia imperante y nuestra compañera Irene se propuso el auto-reto de probarlo. Para ello se embarcó en un crucero fluvial por el Danubio gracias a la colaboración de Politours y la operadora del barco, Nicko Cruises y se lanzó a la aventura. Su relato en primera persona os permitirá saber si os apuntáis a esta tendencia o sois más de viajar en grupo.

“Desde que recibí el mail donde me indicaban el recorrido de mi crucero no tuve demasiado tiempo para replantearme la aventura en la que me iba a embarcar, así que hasta que divisé las fantásticas vistas de los Alpes nevados desde la ventanilla del avión, no asumí que realmente iba a ser la primera vez en mucho tiempo en que viajase completamente sola y únicamente por mí y para mí. Sin familia, sin amigos, sin dedicarme al networking o a la vida social, exclusivamente a la vida contemplativa y a disfrutar de esta nueva experiencia.

Mi crucero partía del puerto de Passau, ciudad fronteriza entre Alemania y Austria, donde confluyen tres ríos Danubio, Eno e Ilz. Desde allí levaríamos anclas para ir descubriendo espectaculares y desconocidas ciudades como Melk, Spitz, Durnsten o Krems, para culminar en la joya imperial, Viena. Ya que me embarcaba en mi primer crucero fluvial, qué mejor que iniciarme en el mágico Danubio, que atraviesa 10 países y baña cuatro capitales europeas Viena, Bratislava, Budapest y Belgrado.

Nada más aterrizar un cartel publicitario llama mi atención Don’t talk to strangers. They can become friends, qué apropiado. Me propongo adoptarlo como lema de mi experiencia en solitario. Nada más embarcar comienzo a notar que la mayor parte del pasaje y de la tripulación sólo habla alemán, idioma del que no tengo idea, lo que va a incrementar la sensación de mi experiencia en solitario.

El camarote que me han asignado supera mis expectativas. Una ventana panorámica da la sensación de que puedes tocar el agua y el cuarto de baño tiene unas dimensiones mucho más amplias de lo que esperaba. La tripulación es amable y servicial, pero la diferencia idiomática no ayuda y me siento bastante perdida en algunos momentos.

Tras una cena, muy rica y bien presentada, pero en la que fui incapaz de intercambiar apenas dos frases con mis compañeros de mesa por el idioma, me retiro a mi camarote y disfruto de un sueño placentero y reparador mecida por la suave navegación. Me resisto a cerrar las cortinas de mi ventana para no perderme nada por lo que me despierto temprano para disfrutar del magnífico buffet y las fabulosas vistas. A diferencia de los cruceros marítimos, aquí disfrutas de las vistas de ambas orillas del río en todo momento por lo que resulta más entretenido y menos claustrofóbico.

Mi compañero de mesa, también viaja solo. Creo que somos los dos únicos pasajeros que lo hacemos. Es un abuelo octogenario, que derrocha vitalidad y se esfuerza por hacerse entender en inglés, así que le nombró mi traductor oficial para descifrar los menús y los programas en alemán y comento con él las curiosidades del viaje.

Me siento liberada, no me conoce nadie y empiezo a verle la gracia a esto de viajar sola. Puedes reinterpretarte como te apetezca sin preocuparte de nada. Además, la comodidad de viajar con el armario a cuestas, te permite vestir siempre adecuada a los cambios meteorológicos.

Encuentro muchas ventajas en el barco en el que navego. Ofrecen dos alternativas para disfrutar de las comidas. La opción a la carta en el restaurante principal o un menú ligero en el salón bar situado en la proa, con una luz preciosa que entra a raudales y la mucha tranquilidad ya que la mayoría del pasaje opta por acudir al restaurante. Todo está impoluto y ventilado; y se disfruta de un silencio muy relajante, que apenas rompe el aleteo de un pájaro o las campanadas de una iglesia cercana.

Una vez en Viena, optó por no unirme a la excursión en grupo ya que las explicaciones serán en alemán y para continuar con mi dinámica de viaje en solitario. Además, no conozco Viena y quiero dedicarme al turismo para aprovechar al máximo mi visita. Callejeo sin parar, me tomo un té en un majestuoso café y hasta disfruto de un concierto. Aunque no podáis permitiros asistir a uno de la Filarmónica de Viena en la Sala Dorada del Musikverein, os recomiendo que dediquéis un rato a la música en vuestra visita a Viena. Por algo es la capital mundial de la música clásica.

Pero sin lugar a dudas, me quedo con la Catedral de San Esteban. Me ha sobrecogido este emblemático monumento vienés, que ha sufrido las diferentes guerras. He tenido la ocasión de escuchar misa disfrutando de la instalación de la artista vienesa Victoria Coeln, acercando la iglesia al día a día de las personas transformando la religión a través de significado artístico.

El viajar sola ha sido una experiencia en muchos sentidos. No sólo las dificultades idiomáticas han acrecentado mi sensación de aislamiento, también la falta de WIFI. Suelo considerar el móvil un apéndice más de mi ser y lo consulto a cada momento, sin embargo este crucero me ha descubierto que no pasa nada por disfrutar de esta desconexión total.

Una gran cena de gala pone el broche de oro a mi experiencia solitario-fluvial y no puedo evitar sentirme orgullosa de mi misma. Me propuse probar esta nueva tendencia en el mundo del turismo y he aprendido un montón de cosas. Os resumo mis conclusiones en estos 5 motivos para hacer un crucero fluvial, ya sea solo o acompañado:

  1. Recorrer varios destinos diferentes evitándose la incomodidad de transportar el equipaje y cambiar de hotel. Los barcos suelen atracar en el centro de las ciudades que vas a visitar por lo que también te evitan los desplazamientos.
  2. El placer del propio viaje. Vas viendo cosas en todo momento y no te aburres.
  3. La navegación es suave y no se ve afectada a las inclemencias meteorológicas. La ausencia de oleaje permite que el barco apenas se mueva, evitando los incómodos mareos.
  4. Las embarcaciones fluviales tienen un tamaño mucho menos que los grandes cruceros. El tamaño de las esclusas que hay que atravesar y las propias exigencias de la navegación por ríos, no permiten barcos de más de un centenar de camarotes, por lo que es muy sencillo situarse y conocer a la tripulación y al pasaje.
  5.  Son aptos para personas mayores y discapacitados. Sin duda es una gran opción para pasajeros con movilidad reducida, los pasillos son anchos y las cubiertas amplias. Según las necesidades de cada uno, pueden hacer una vida más activa o simplemente disfrutar del paisaje desde el camarote o la cubierta.

 

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